Gemas
Características de los rubies, zafiros y esmeraldas. Gemólogos Mayoristas en piedras preciosas. Jorge Juan Joyero. Fernando el Santo 24
Las gemas en la vida del hombre
El hombre conoce las piedras preciosas por lo menos desde hace siete mil años. Las primeras fueron amatista, cristal de roca, ámbar, granate, jade, jaspe, corales, lapislázuli, perlas, serpentina, esmeralda y turquesa. Pertenecían exclusivamente a las clases pudientes y eran al mismo tiempo un símbolo del nivel social. Con sus insignias adornadas por gemas las casas reales mostraban su riqueza y con ella su poder. En las cámaras de los tesoros y en los museos podemos admirar todavía actualmente los maravillosos tesoros de épocas anteriores.
Con toda seguridad, algunos muestran también hoy día ocasionalmente sus gemas engarzadas en oro y platino para demostrar su riqueza, pero en mayor medida que antiguamente las joyas sirven en la actualidad para el propio placer, por apreciar su belleza y armonía.
Es cierto que en la adquisición de una gema interviene también actualmente algo que puede significar una cierta inclinación hacia la piedra, y que en algunos casos pueden tener un cierto encanto misterioso. Antiguamente, cuando el hombre era mucho menos científico, las gemas llevaban siempre consigo algo misterioso, algo divino. Por ello se utilizaban como amuleto y talismán. Ofrecían protección contra espíritus, y agradaban a los ángeles y a los santos. Podían defender del mal y conservar la salud, actuaban como antídotos contra venenos y evitaban la peste, agradaban a los monarcas y conducían a los marinos de vuelta a casa.
Hasta principios del siglo XIX las gemas servían incluso como medicamento contra enfermedades. Se utilizaban de tres formas: la presencia de una determinada piedra bastaba para la curación; la gema se ponía sobre el miembro enfermo, o se ingería la piedra pulverizada. En los libros podía leerse qué piedra podía ayudar contra una determinada enfermedad. Esta litoterapia dio buenos resultados con toda seguridad, pero éstos no se debían directamente a la piedra preciosa, si no al poder de sugestión que tenía sobre el enfermo. Cuando los resultados eran negativos se disculpaban aceptando que la gema empleada no era “verdadera”. Todavía hoy se venden con fines terapéuticos en el Japón pastillas de calcio de perlas machacadas.
Como consecuencia natural de la creencia en fuerzas sobrenaturales inherentes a las gemas se tendió un puente a la astrología, y se ordenaron las piedras preciosas según los signos zodiacales. De aquí surgieron las “piedras natales”, esto es, piedras preciosas propias de aquel que ha nacido bajo un signo zodiacal determinado, al que deben acompañar y proteger. Por simplificación resultaron las “piedras mensuales”. Existen igualmente gemas atribuibles al sol, a la luna y a los planetas (“piedras de los planetas”).
Las piedras preciosas tienen también un lugar fijo en las religiones modernas. El Sumo Sacerdote de los Judíos tenía como símbolo cuatro filas de piedras preciosas. Estas adornan también la tiara y la mitra del Papa y de los Obispos, así como las custodias, las reliquias y las imágenes de las Iglesias Cristianas.
No obstante, las gemas pierden frecuentemente sus atributos estéticos o simbólicos para considerarse exclusivamente como una pura inversión de capital. Los grandes valores en una forma tan pequeña se mostrado de hecho como muy estables a lo largo de los avatares de los últimos decenios."
*"Guía de las piedras preciosas y ornamentales (Walter Schumann), ediciones Omega S.A."
El estudio de las gemas está en muchas ocasiones ligado inexorablemente a la propia existencia del hombre, pues muchas de éstas el ser humano las ha utilizado como ornamentación desde los principios de la existencia del ser humano en la tierra. Los diamantes son la gema preciosa por excelencia, pero es mucho más reciente su utilización como elemento ornamental. El diamante es con diferencia la piedra preciosa más usual en los anillos de compromiso.
